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Michel Azcueta

ejes para la cooperacion descentralizada en la nueva década

COMENTARIOS AL FINALIZAR LA V CONFERENCIA ANUAL DEL OBSERVATORIO DE  COOPERACIÓN DESCENTRALIZADA UNION EUROPEA AMERICA LATINA.

Bruselas, 29 de octubre 2010.

Michel Azcueta.

Presidente de la Escuela Mayor de

Gestión Municipal. Perú.                    (Relator de la V Conferencia).

 

 A lo largo de la V conferencia, hemos mantenido el proceso del Observatorio al continuar profundizando en los ejes centrales de la cooperación descentralizada pero, en esta ocasión, con una visión y preocupación universales, dados los temas tratados en las plenarias y en los talleres.

 

Se mantienen la solidaridad y el compromiso como bases de esta cooperación; se avanza en la necesaria coordinación entre los diferentes niveles de gobierno local, regional, nacional y supranacional (todos ellos presentes en la Conferencia, incluyendo el PNUD), y se ratifica el sentimiento de que Europa y América Latina son dos regiones con diferencias pero, también, con muchas similitudes por lo que es relativamente fácil la coordinación entre ellas. Me ha dado la impresión de que en esta conferencia de Bruselas se ha hablado de tú a tú, quizás por la crisis que se está viviendo de diferente manera, por primera vez, en Europa y en América Latina, por lo que la horizontalidad en nuestras conversaciones y debates ha sido lo habitual y ha creado un ambiente de auténtico diálogo y fraternidad.

 

Nos hemos acercado a reflexionar, desde lo local, sobre temas que afectan a todo el mundo: la llamada crisis financiera internacional, los objetivos del milenio y el cambio climático. Los tres se están viviendo, pienso, de distinta manera en Europa y en América Latina aunque los efectos de las tres situaciones se sienten por igual y tienen que ser considerados en los procesos de cooperación descentralizada. Hemos añadido una preocupación común: la eficacia en la cooperación entre donantes y receptores, tema que, con razón, llega también a la opinión pública de nuestros países.

 

Sobre la crisis se ha hablado y se sigue hablando mucho. Lo que ha quedado claro es que los causantes de la crisis no han sido ni los ciudadanos comunes ni los gobiernos locales (quizás éstos, en algunos países contribuyeron a la especulación de los precios del suelo…). La crisis está influyendo directamente en los fondos para la cooperación en algunos países europeos, y en algunos proyectos o en su continuidad en países latinoamericanos. Los actores han sido fundamentalmente el sector privado financiero (los bancos) y los gobiernos nacionales con sus escandalosos préstamos a los propios causantes de la crisis.  Sobre este aspecto, creo que es conveniente que nos preguntemos si la cooperación descentralizada, desde uno y otro continente, desde lo local, podemos o no podemos contribuir a un modelo post-crisis. Un modelo diferente en lo económico, en lo social, en lo político, en lo cultural. Si podemos o no podemos transformarnos en actores, en sujetos activos, con iniciativas propias y con propuestas que llegan a los ciudadanos y a los gobiernos nacionales e instituciones multinacionales. Si no lo hacemos ya, quizás entremos a una era de retroceso en la cooperación descentralizada.

 

Relaciono esto último con el segundo y tercer tema de nuestra conferencia: los Objetivos del Milenio y el cambio climático. Se trata básicamente de lo mismo: el modelo de desarrollo mundial está fracasando. No sé si triste o cínicamente, se anuncia que la crisis internacional ha atrasado la consecución de los objetivos que se deseaba alcanzar el 2015… A pesar de no ser los responsables directos de la crisis, se pide a los gobiernos locales que sean ellos los que generen puestos de trabajo o que atiendan a los desocupados o que den de comer a los hambrientos y que atiendan a los enfermos y que inviertan bien los fondos anti-crisis que han ido dando los gobiernos centrales. Más allá de esta situación, considero positivo que los gobiernos locales se pongan también metas con indicadores concretos para que en cada localidad se cumplan cada uno de los objetivos del milenio como base de lo que se considera una vida digna.

 

Lo mismo deberíamos hacer en relación al ambiente y al cambio climático donde sí hay responsabilidades de los gobiernos locales y, por lo tanto, posibilidades concretas de acción de parte de las autoridades locales y sus comunidades.

 

En los tres aspectos tratados, debemos definir mejor las responsabilidades de los diferentes campos de gobierno y de poder: local, regional, nacional e internacional, incluyendo, por supuesto al sector privado que no puede evadir su gran responsabilidad en los tres problemas y, por qué no al conjunto de ciudadanos.

 

Con este panorama que hemos analizado estos días, nos queda claro que la cooperación descentralizada, los gobiernos locales de Europa y de América Latina debemos considerar en el futuro inmediato otros ejes que están condicionando el presente y el futuro de nuestras sociedades:

a)    Cómo podemos participar más en la necesaria reforma del Estado?

b)    Cómo incorporamos a nuestra visión y a nuestra práctica la nueva relación público-privada, tanto en sus aspectos positivos como en aquellos otros no tan claros como hemos visto en los casos de la crisis y del cambio climático.

c) Cómo contribuimos en el combate a la corrupción? Cómo contribuimos al fortalecimiento de mecanismos de transparencia, de fiscalización pública y de participación ciudadana?

c)     Cómo podemos participar más y mejor, desde la cooperación descentralizada, en los procesos de innovación, de nuevas tecnologías y de construcción de la cultura universal desde los aportes propios de cada cultura? Seremos capaces de dar el salto a estos niveles o nos estancaremos en lo que venimos haciendo?

 

Por último, unas breves consideraciones sobre la eficacia. Con todo derechos y con toda responsabilidad, nos debemos preguntar: Eficacia en qué? Eficacia para qué? Eficacia para quiénes? Desde dónde y con qué medimos la eficacia? Simplemente, me atrevo a decir que consideremos la eficacia como un concepto ligado al futuro, no al pasado; no sólo a la rendición de cuentas, no sólo a la evaluación de lo hecho sino algo que nos anima a seguir adelante, que nos anima a transformar la realidad, que nos ayuda a mejorar y a valorar las relaciones entre los países de Europa y de América Latina.

 

Solidaridad, compromiso y corresponsabilidad en la construcción de un mundo mejor desde lo local a lo universal, quizás sea el resumen de la presente conferencia anual del Observatorio en Bruselas. Entre tanta crisis, éste puede ser el camino más seguro a seguir en uno y otro continente.

 

 

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