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Michel Azcueta

Cultura y desarrollo local: aportes desde el Mapa de la Riqueza

Tenemos la suerte de vivir en el Perú: una patria, un territorio de naciones, un crisol de civilizaciones y culturas.

 

La sierra, la costa, la selva; los aportes de lo indio, lo blanco, lo criollo, lo afro peruano, lo chino, lo japonés, todo eso es el Perú y aquí radica la importancia del tema que comentamos ya que hay que aprovechar esta  diversidad en esta relación entre cultura y desarrollo en el marco de la globalización. El Perú presenta una gran riqueza precisamente en esos tres niveles.

 

Fijémonos, primero, en la globalización económica. Está presente entre nosotros más de lo que creemos: está en los aretes que cuelgan de nuestras orejas, en el reloj que llevamos, en la ropa, etc. ya que, la mayoría, no son productos peruanos, no están hechos en el Perú…han recorrido, algunos de ellos, miles y miles de kilómetros para legar a nuestras comunidades.

 

Somos cada vez más conscientes de la importancia que tiene el comercio de bienes y servicios, el flujo de capitales y la devaluación del dólar, el flujo de personas que es otro elemento importante del actual proceso de globalización con consecuencias múltiples tanto en los países de origen como de destino, y, todo ello influyendo de manera directa e indirecta en la cultura.

 

Recordemos que diferenciamos la globalización ecónomico-financiera neoliberal del proceso de universalización que se ha ido profundizando en las últimas décadas de manera vertiginosa. La universalización tiene muchos aspectos positivos, propios del siglo XXI, al considerar al planeta como nuestro hogar común, con una corresponsabilidad ante los problemas del mundo, con una manera diferente de utilizar los recursos naturales a nivel mundial, y con la posibilidad y necesidad de construir una cultura universal partiendo del respeto y de los aportes de cada cultura local y nacional, unido, todo ello, a la práctica del principio de subsidiaridad solidaria en la lucha contra la pobreza desde los gobiernos y las instituciones supranacionales.

 

Profundizando los procesos mundiales de globalización y universalización, conocemos mejor la relación entre cultura y desarrollo. Manuel Castells y Jordi Borja insisten desde hace años que “los procesos estratégicamente decisivos en la era de la información son: la innovación cultural, la creación de símbolos y la investigación científica[1].  Coincidiendo plenamente con ellos, nos debemos de preguntar si estos procesos se pueden o no desarrollar también desde lo local, y la respuesta es sí, definitivamente.

 

La innovación cultural y la creación de símbolos se genera mejor en y desde lo local, no solo porque ambas comienzan con aportes individuales sino, también, porque en sí mismos, necesitan la presencia, experimentación y evaluación de los grupos sociales que darán el visto bueno a dichas creaciones.  La tecnología de las comunicaciones permiten, inmediatamente, llegar a todas partes, inclusive las más alejadas, con las propuestas, creaciones y productos, cumpliéndose casi silenciosamente el principio y la práctica de ir de lo local a lo global.

 

En esta relación innovación cultural–creación de símbolos–desarrollo local se descubre mejor que, entrados ya al siglo XXI, no hay modelo global construido y, con todo derecho, cada pueblo desea mantener su identidad, su ideosincracia, no solo para  no perderse en la maraña de la globalización económico-financiera si no, en positivo, para aportar, desde cada cultura nacional y local, a la construcción de la nueva cultura universal.  Y es aquí donde se descubre la importancia de la relación entre desarrollo y cultura.  Es una mirada firme y segura al presente y al futuro de los pueblos.  Ya no se puede aceptar ni se acepta un solo modelo, una imposición cultural… al contrario, el respetar y fomentar las manifestaciones culturales propias asegura un desarrollo armónico, integral que, además, está arraigado en la historia, en las tradiciones, en los procesos sociales tan ricos que vive cada pueblo y que, de ninguna manera, deben desaparecer.

. Las reflexiones y aportes que nos han ofrecido los diferentes ponentes del seminario, nos animan a incorporar todos estos elementos en nuestros planes de desarrollo, entendiendo de otra manera la propia gestión municipal y el desarrollo local.

 

Aceptar que ciertas partes de la riqueza que se produce hoy día en el mundo (y, por supuesto, en las provincias y distritos) tienen un origen distinto al tradicional. No se trata solamente de la minería, la agricultura, la industria y los servicios. Hay cambios profundos en el mundo y en la sociedad y se produce riqueza, se genera valor, de diferente manera.

 

Vivimos la era del conocimiento, la era de la información y la era de la innovación.

Todos ellos producen riqueza, todos ellos generan valor económico, todos ellos modifican conductas culturales, especialmente entre las nuevas generaciones. Y los procesos señalados de globalización y universalización hacen que las distancias no sean ya el problema principal por lo que, desde lo local, se puede generar nuevas riquezas en los tres campos del conocimiento, la información y la innovación cultural.

 

Y ahí encontramos, de manera muy clara, la relación entre cultura y desarrollo local. No podemos entender la cultura como algo estancado, como algo muerto porque nosotros mismos no estamos muertos…! Todo está en movimiento. Tanto a nivel personal, familiar, social, nos movemos; el Perú se mueve, el mundo se mueve…y no debemos tener miedo a los cambios, no tener miedo a aquello que se nos quita en este nuevo proceso universal ni tener miedo a lo que nos llega de fuera, como comentaremos más adelante. Analicemos mejor los elementos que influyen en el futuro de esta relación entre cultura y desarrollo sabiendo que la cultura dominante, ahora a nivel mundial y con las nuevas tecnologías, influye en el modelo de desarrollo y en los modelos culturales.

 

En el caso del manejo de los recursos naturales también se evidencia esta relación. Un ejemplo es el uso del agua. Hay muchísimos aspectos de la cultura que están relacionados con el agua tanto a nivel rural como urbano. Cómo influye la explotación minera en este recurso? Cómo están cambiando las cuencas de los ríos, la vida de los campesinos? Lo mismo ocurre con el petróleo y los hidrocarburos…cómo influye el gas de Camisea, el canon petrolero en el modo de vida de las comunidades nativas de la selva? Cómo influye en el medio ambiente, en la contaminación?

 

Está muy clara la influencia de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en la cultura y en el comportamiento de las personas teniendo en cuenta, sobre todo, la velocidad de los cambios y la amplitud de la extensión de dicha influencia, la rapidez con que llegan a millones y millones de personas en cualquier parte del mundo. Quién recuerda cuándo tuvimos el primer televisor blanco y negro, el primer televisor a color, el primer celular? En esta misma sala en la que nos encontramos, quién no tiene un celular? Quién no tiene una computadora? Quién no usa Internet en algún momento? Y pensemos en lo que se viene…Todo ello va en la tendencia de una uniformización de la cultura dirigida por unos cuantos a lo que oponemos la construcción de una nueva cultura universal, como ya señalamos, con el respeto y los aportes de las culturas de todos los pueblos. Ese es el reto: unir lo local y lo global a partir de las potencialidades de cada uno y utilizando todos las nuevas tecnologías y la capacidad creativa de cada uno.

 

Y todo ello se da al interior de un profundo e imparable proceso de urbanización. En América Latina, el Perú es uno de los países mías urbanos: el 77 % de las peruanas y peruanos vivimos en un medio urbano y esto, lógicamente, influye también en la relación cultura y desarrollo local, tanto por los cambios en la vida diaria, por el tipo de relación con el entorno, incluyendo la naturaleza, como por el tipo de trabajo, horarios, gastos, modas urbanos tan diferentes de los rurales.

 

Hay, también, cambios profundos en los centros de poder y en la relación de las mayorías con los lugares que simbolizaban y simbolizan ese poder, relaciones que forman parte de la Cultura. Carlos Amat y León ha logrado sintetizarlo de manera muy gráfica cuando explica el paso de las “Plaza ceremoniales” en la cultura inca, a las “Plazas de Armas” en la cultura colonial hasta llegar a las nuevas “Plazas”, los Megacentros  como los auténticos lugares “religiosos” de la actualidad,con otros dioses, otros altares, siendo ahora el< “cajero automático” el altar frente al que hacemos cola para “pedirle” dinero…![2](*)

 

Cuando hablemos, entonces, de Planes de Desarrollo, de Presupuesto Participativo, de Planes Estratégicos Institucionales, debemos considerar todos los aspectos señalados si queremos responder  a unas demandas concretas de la ciudadanía a través de gestiones modernas propias del Siglo XXI.

                                                                                   

Desde la Escuela Mayor de Gestión Municipal intentamos aportar desde este punto de

vista, desde una filosofía que considera a la persona como el centro del desarrollo, y es por eso que hablamos de un modelo de persona, un modelo de sociedad y un modelo de desarrollo, en el marco de la gran diversidad cultural que tenemos en el Perú.

 

Partir de la percepción cotidiana de esa diversidad cultural y del reconocimiento de las tendencias de los diferentes procesos culturales propios del Siglo XXI. De nuevo aparece la necesidad de unir lo local con lo global. No abandonar lo propio pero tampoco rechazar, por principio, lo ajeno; fortalecer nuestras raíces, nuestra identidad, pero aportando en la construcción de una nueva cultura universal.

 

Y es ahí, en esa rica y excepcional dinámica, donde comprendemos mejor el rol de los agentes culturales para el desarrollo. Todo líder –y, en este caso, todo agente cultural- cumple una de estas tres funciones: la integradora, la mediadora y la innovadora. Y no debemos de tener problema alguno en reconocernos y reconocer cuál es la función de cada uno de nosotros, ya sea  nivel personal, a nivel de grupo, o a nivel institucional, ya que las tres se han dado a lo largo de la historia y, por supuesto, se siguen dando en la actualidad.

 

Hay una función integradora relacionada con la conservación de los valores, de las tradiciones, de las costumbres, es decir, de la identidad propia. Es un trabajo hacia dentro, importantísimo porque es la base de la cultura propia, de lo que nos diferencia de otros grupos, comunidades o pueblos.

 

Otro liderazgo cumple la función mediadora, es decir, conjugar intereses diferentes al interior mismo del grupo o comunidad, incluyendo puntos de vista, prioridades, representaciones y renovación interna. Es, quizás, la función más difícil y la menos reconocida, peor es la que asegura una estabilidad y una firmeza en el grupo social a través de canales de relación, reglas de juego claras y solución de conflictos que siempre se dan en cualquier sociedad.

 

Y, por último, hay líderes y agentes culturales que cumplen una función innovadora: aportar ideas y experiencias nuevas, incluyendo objetos materiales, inventos, reflexiones que tienen su origen fuera de la propia comunidad, sabiendo incorporarlas, adaptarlas, asimilarlas, dependiendo del caso, a la realidad de nuestro grupo particular.

 

Así se ha hecho la historia. Así se han mantenido o desaparecido civilizaciones y culturas.  Nosotros debemos saber relacionar las tres funciones, dado que las tres son absolutamente necesarias. Con la misma fuerza que defendemos nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestro modo de ser y de interpretar la realidad, así también debemos trabajar por el fortalecimiento interno, y estar abiertos a lo nuevo, a lo que signifique mejoramiento real, integral, de la calidad de vida, de la dignidad de las personas, de la comunicación entre todos nosotros.


Se entiende así mejor la pregunta que nos hacemos en el presente seminario: Estamos construyendo cultura con todo lo nuestro y puestos en el Siglo XXI?  Qué función cumplimos cada uno de nosotros como agentes culturales los alcaldes, los ciudadanos, los profesionales, los empresarios, los jóvenes? Somos capaces de reconocer que no hay contradicción entre las tres funciones sino que son complementarias entre si?

 

Es así como debemos trabajar esta relación entre cultura y desarrollo local, como algo dinámico, comunitario, creativo, participando en todo el proceso, asumiendo los elementos comentados de la globalización, de la universalización, de la información, de la tecnología e innovación, asumiendo los cambios sin dejar de reconocer a la persona como el centro del desarrollo y como creador principal de Cultura.

 

2. Aportes desde el Mapa de la Riqueza.

 

En la Escuela Mayor, desde hace unos años, hemos venido elaborando un instrumento que está demostrando ser muy útil para el desarrollo, especialmente económico, de las comunidades bajo la dirección de los gobiernos locales. Con los agentes culturales, con el aporte de muchos, consideramos que puede aportar en esta relación entre cultura y desarrollo.

 

Recordemos las cinco características principales del Mapa de la Riqueza[3] (*) según las experiencias de la Escuela Mayor.

 

Partiendo del conocimiento integral de la realidad local, con sus recursos naturales, culturales, sociales, etc., el conocimiento de sus actores, el Mapa de la Riqueza propone:

 

 

 

  1. Avanzar a partir de las potencialidades, de lo que se tiene, sin querer decir con ello que se niega las carencias existentes.
  2. Fomentar la concertación entre los diferentes actores, incluyendo la relación público-privado y, también, los recursos privados, no sólo el presupuesto de la República, del gobierno regional o del gobierno local. Si hablamos de desarrollo

En su sentido más amplio, todos podemos aportar algo para el bien de nuestra comunidad en base a objetivos específicos y a una distribución específica de responsabilidades.

  1. Desarrollar procesos sociales, económicos, culturales, con objetivos de mediano y largo plazo, en lugar de quedarse en programas asistencialistas que, ya está comprobado, no solucionan problemas y se mantienen por tiempo indefinido gastando recursos públicos.
  2. Resaltar las experiencias de éxito de la comunidad a todos los niveles, incluyendo el éxito personal de algún miembro de la misma, recursos propios, bellezas naturales, tradiciones, fiestas, platos típicos, etc. todo aquello que fortalece la autoestima en la población y de lo que se siente orgulloso que pertenezca a ellos.
  3. Elegir uno de estos recursos específicos, una potencialidad, para que sirva como “eje motor” del desarrollo de la comunidad, algo que identifique a la localidad hacia dentro, es decir, reconocida realmente por la mayoría de los ciudadanos, y hacia fuera, reconocida por aquellos que no pertenecen a dicha comunidad, no solo los demás con-nacionales sino, en ocasiones, por extranjeros. Por citar algunos ejemplos: el vino de Ica, el queso de Cajamarca, el clima de Tarma, etc. etc.

Siempre añadimos un elemento más: hacerlo todo público, comunicar absolutamente todo el proceso, incluyendo las responsabilidades que se asumen por unos y otros.

 

Con los agentes culturales hemos venido aplicando este instrumento en el trabajo cultural, con logros concretos, animando la participación de los diferentes actores y descubriendo o redescubriendo potencialidades en cada lugar, experiencias de éxito, narraciones, platos típicos, así como, en otras zonas, reordenando la visión que se tenía del propio distrito y provincia, elaborándose entre todos los Mapas de la Riqueza Cultural de Huaura, Barranca,  Piura y Tumbes, distribuyéndose en la Comunidad, no solo entre autoridades sino entre los empresarios, las organizaciones de base y en todos y cada uno de los centros educativos para que los niños y jóvenes conozcan mejor las potencialidades de sus pueblos.

 

Vemos, pues, que el aporte del “Mapa de la Riqueza” se basa en el fortalecimiento del capital social, auténtica riqueza intangible de las comunidades. Bernardo Klilksberg[4] la definía así:

“un conjunto de aspectos como, entre otros, la capacidad de una sociedad para producir concertaciones sociales amplias en su interior, para generar “redes” articuladoras de los esfuerzos de sus diversos sectores; las fuerzas existentes en una sociedad para impulsar el trabajo voluntario en iniciativas de utilidad general; su cultura y la presencia de valores èticos orientados hacia la solidaridad, la construcciòn positiva, la cooperación y la equidad”.

 

Precisamente, el capital social considera varios elementos que la componen como la ciudadanía, el empoderamiento, el ser sujetos activos en cada uno de los procesos sociales, la participación, la consciencia personal, los niveles de organización y, no podía faltar, la cultura:

“El conjunto de valores, costumbres, ideas y otros elementos que conforman la identidad de las personas creando posibilidades de interacción social por medio del diálogo y la participación.

 Es un elemento fundamental que ayuda a dinamizar y fortalecer el       progreso económico, político y social de una sociedad, por lo que es necesario descubrir, potenciar y poyarse en las raíces que sostienen una comunidad traducidas en pilares para el establecimiento de metas colectivas”. 

 

La identidad es fundamental. Un pueblo con  identidad tiene asegurada una importantísima base para un modelo de desarrollo propio, un pueblo con identidad puede aportar mucho mas en la construcción de la nueva cultura universal en el Siglo XXI.

Estos son posibles aportes del “Mapa de la Riqueza” en la relación entre cultura y desarrollo local. Construir entre todos los actores el mapa de la riqueza cultural, identificar aquellas prácticas culturales que tienen un alto significado y gran valor para la comunidad así  como aquellas prácticas culturales que obstaculizan el desarrollo, que sirven de barreras para los cambios necesarios que beneficiarían a todos; trabajar los indicadores culturales para descubrir y desarrollar las potencialidades y, con ello, lanzarnos al futuro.

 

Este es otro aporte del “Mapa de la Riqueza”. Cuando unimos cultura y desarrollo local ponemos el futuro como centro de nuestra preocupación. A veces, cuando hablamos de cultura pareciera que tenemos una tendencia a mirar al pasado. El pasado, las tradiciones, las raíces , son muy importantes pero estamos en el Siglo XXI por lo que debemos entender la cultura como algo útil para todos nosotros, aquí y ahora. Una cultura viva para los vivos, para el presente y para el futuro. Estoy seguro que se entiende bien la idea: no estamos negando el pasado ni las tradiciones ni las maravillosas creaciones culturales de nuestros antepasados, al contrario, las valoramos tanto que creemos que nos sirven para nosotros, ciudadanas y ciudadanos del Siglo XXI. 

 

Es así como entendemos esta relación y es así como entendemos la utilidad  del mapa de la riqueza cultural, construido entre todos, compartiendo responsabilidades entre el sector público, el privado, la comunidad, los profesionales, los jóvenes y demás integrantes de la comunidad., sabiendo unir los intereses individuales con los intereses colectivos, y no temiendo utilizar las riquezas culturales como motor del desarrollo económico. Amartya Sen[5] lo entiende muy bien al explicar los tres aspectos de la cultura:

*     La cultura en su papel  constituyente:

        El desarrollo en su sentido mas amplio, incluye el desarrollo cultural como componente básico e inseparable.

*      La cultura en su papel valorativo:

   La valoración de los beneficios del desarrollo local  de un programa o proyecto, está definitivamente influenciada por la cultura.

*     La  cultura y su papel utilitario:

La cultura como base para el desarrollo económico, como creación de riqueza relacionada a los productos culturales como la artesanía, turismo, gastronomía etc. Este papel ha dado lugar a lo que hoy se reconoce como las “industrias culturales”

Amartya Sen, premio Nobel de Economia.

 

La cultura y la identidad de un pueblo son los que definen su visión del desarrollo, consciente o inconscientemente. Hay que incorporar estos elementos en la elaboración de los planes de desarrollo y tenerlos en cuenta en las propias gestiones municipales, fomentando prácticas culturales concretas.

 

Valorar lo nuestro y valorar lo de los demás, considerando los aspectos positivos de la universalización. Compartimos la reflexión del Mahatma Ghandi:

   "No quiero mi casa amurallada por todos lados ni mis ventanas selladas. Yo quiero que las culturas de todo el mundo soplen sobre mi casa tan libremente como sea posible. Pero me niego a ser barrido por ninguna de ellas. Me niego a vivir en casa ajena como un intruso, un mendigo o un esclavo".

 

O, como nos recordaba también José Maria Arguedas:

Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos”.

 

Es así como entendemos la relación entre cultura y desarrollo, defendiendo y desarrollando lo nuestro pero abiertos a las relaciones con otros. Mas aun, otros pueden aprender de lo nuestro.

 

Es el gran reto del Siglo XXI: saber unir lo local con lo global, construir ciudadanía desde lo local con visión nacional y mundial, aportando desde la cultura propia, lo repetiremos una vez más,  a la construcción de la nueva cultura universal, base para un modelo de desarrollo global diferente.



[1] Jordi Borja, Manuel Castells.. “Local y Global”. Santillana Ediciones, Madrid 1997

[2] Amat y León, Carlos: “El Perú nuestro de cada día”, Universidad de El Pacífico, Lima, 2007.

 

[3] Azcueta Michel y varios: “El Mapa de la Riqueza”EMGM, Lima, 2007.

 

[4] Kliksberg, Bernardo “Capital Social y Cultura. Claves olvidadas del Desarrollo”. BID=2000

 

[5] Sen, Amartya

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